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Happy Birthday, Darling!

Confieso que, para darte un regalo, muchas cosas llegaron a mi cabeza. ¿Un fic? Pensé en varios, y con tantos personajes… Pero no sabía si era suficiente. Bueno, para mis personas favoritas, es difícil encontrar algo (sabrás que soy exigente)…

Así que, después de rendirme y pensar en vano, decidí que lo mejor que podía darte era algo como esto:



Un diario, unas cuantas hojas para desahogarte, un cuaderno para dibujar, lo que desees. Cada hoja es una velita, cada hojita es un deseo, una promesa, un compromiso. Puedes soplarlas cuando quieras, encenderlas, pedir más deseos y comenzar de nuevo. Como un ave fénix de papel, de las cenizas retoñará algo mejor. Y si no es así, tienes muchas hojas para lograr lo que desees… y me tendrás a mí, que te regalará todos los diarios que necesites, en diferentes tamaños y formas. Que estará a tu lado, rompiendo páginas, transcribiendo los mejores momentos y trazando un destino contigo.

Como siempre, te deseo lo mejor. Brindaré contigo hoy, mañana y siempre. Festejaré junto a ti, y estaré contigo cuando las copas sean sucedidas por pañuelos con encaje, intentando borrar tu tristeza, porque es mi deber, es mi deseo verte feliz.





Una vez más, FELIZ CUMPLEAÑOS. Diviértete, ríe, grita, corre… ¡es tu cumpleaños!, haz lo que desees, no dejes que nadie cambie eso.

Te quiero mucho, Lianella. Sabes, porque te lo he dicho, que siempre serás una de mis personas favoritas, de mis mejores amigas (oh, sí, lo sabes). Que siempre tomo en cuenta tus consejos, y agradezco tu cariño, agradezco que me quieras, a pesar de mis defectos (mira que son varios, jah!).



¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Te quiere, Shey ~

Quitando el polvo

Arreglando un poco y quitando telarañas.

Vengo a escribir de vez en cuando, aunque parezca que nunca lo hago. Ganas no me faltan, siempre tengo algo que decir, es solo que el impulso a hacerlo es pobre.

Últimamente, la sensación de haber olvidado quien soy me asalta en todo momento. ¿Y qué hice para intentar recuperar mi antiguo yo? Hacer las cosas que hacía antes. Pero confieso que eso no es nada fácil, ya que no cuento con las mismas cosas, con la misma compañía y tampoco con la misma inmadurez.

¿Seré yo? ¿Será que cambio muy rápido? ¿Qué crezco o que mi narcisismo es solo cada vez más grande? En realidad, no lo sé. Simplemente cambio, sigo paso a paso, porque decir que sigo adelante, es una farsa. No lo hago.

Veo que casi es mi cumpleaños, y eso medio me alegra, medio me disgusta. Veo que muchos amigos se van, y eso medio me enoja, medio me entristece. Veo que la gente es manipulable, y eso medio me enerva, medio me decepciona. Muchas cosas me dejan a medias, como podrán notar.

Un año, pasará un año y veré el recuento. ¿Qué hice en un año? Muchas cosas. ¿Qué cosas? Pues no las recuerdo. ¿Eso significa que no valen la pena? Porque a mi parecer, cada cosa que hago es importante.

Volví a leer, volví a recordar lo que era. Volví a sentir ese enorme fanatismo por Lestat, volví a llamarlo mi ‘Lesdot’. De nuevo, vi películas (tenía mucho tiempo que no veía The Red Shoes), volví a leer las revistas de Vogue, criticando fotografías, filmes… Eso es mi vida, al menos lo era. Ya que por otro lado, al ver fotografías de antes, al escuchar canciones de hace tiempo, de nuevo recordé que no volvería a cambiar. Que las cosas seguirían así, y hasta eso, por un determinado tiempo, ya que de nuevo, seguiría cambiando.

Hace unos meses, cuando vi Toy Story 3 supe que todas esas cosas, de las que sospechaba, había algo cierto. El final de la película resumió todo aquello que pasaba en mi cabeza: las cosas no son para siempre, sin importar lo mucho que lo quieras, lo mucho que signifique para ti… tienes que crecer, que seguir. Dejarlo ir… es el primer paso para crecer.

Lo dejé ir.

¿Lo dejaste ir? Deberías.

Bienvenido, Julio

Le di la bienvenida a Julio con nostalgia.

Hoy, por fin encontré algo que me hizo sentir parte de un mundo que me resultaba ajeno desde hacía tiempo. Desde hacía unos días el gusanito de querer ver una caricatura que me acompañó en mi infancia creció, de tal manera que, incluso soñé con ver una maratón en Nickelodeon.

Ojalá las cosas fueran así, desearlas tanto que… llegara el punto en donde pudieras materializarlo. Hacerlo real, o un poco, sin importar si solo es un sueño.

Mientras veía con una enorme sonrisa un capítulo de Ginger, recordé las demás series y caricaturas. Siempre he querido verlas de nuevo, recordar momentos que de verdad, son irremplazables. Y no estoy segura, había reprimido tanto los deseos de ver tan solo 15 minutos de mi niñez que, cuando la voz de los personajes comenzaron a escucharse, una lágrima recorrió mi mejilla. Una extraña nostalgia me invadió por completo, un sentimiento demasiado caprichoso. Aquél que desea que las cosas sean como antes, tener de nuevo esos tiempos en donde todo era fácil y… tener a alguien cerca, dejar que se vaya, aprender de nuevo.

Sin importar que sea por solo un momento.

Y ese sentimiento sigue. Latente, melancólico, evidente, bastante perceptible, demasiado tangible, y también intangible. A la vez puedo reconocerlo, y también es muy ajeno. Demasiados recuerdos, demasiado de mí.

Y bien dicen que recordar es vivir… Pero vivir no te lleva al recuerdo de nuevo, solo despierta esas sensaciones que son… demasiado complicadas de explicar.

Back in Black





Y algunas cosas cambian tu vida, te acompañan
y te enseñan a su manera que... la soledad
en sí, no es tan mala.

Claro, es extraño que una caricatura de Nickelodeon
se lo diga a una niña de 10 años. Pero vaya... lo hizo,
y me enseñó mucho. Me acompañó, y la amo.

Recordar tiempos tan extraños, ajenos ahora y agradables
tosdavía es... simplemente me hace sonreír.

Bad & good habits. New baby in home!

Es curioso, cuando vengo a escribir aquí, normalmente es para descargarme de las malas cosas. Pero hoy no tengo ganas de parecer una víctima, ni siquiera lo soy.

¿Qué escribiré? Ni idea, las cosas solas toman su forma, mejor que el agua (ajá).

Hace alrededor de -lo piensa- dos meses alejé mis malos vicios. ¿Qué malos vicios? Pues todos los vicios, porque ningún vicio es bueno, right? Okay, el punto es que dejando de hacer tantas cosas, empecé a adaptar aquellas que abandoné por el simple hecho de ser una perezosa. Más bien el vicio me hacía perezosa. ¿Pero qué importa? Últimamente me he sentido mejor y he vuelto a disfrutar de las largas caminatas que no hacía en más de 3 años. ¿Pueden creerlo? Más de tres años de completa pereza. God, please help me!

Pasando a otras noticias… ¡Tengo un gato! Después de casi 6 años sin tener una mascota respetable, vino a mi vida un mini peludo (de bolsillo para conveniencia de los dos) y se llama Skylar. Su tamaño simplemente no le hace justicia a sus maullidos, que parecen gritos desgarradores cuando está afuera. Me sorprende que siga con el timbre intachable, ya que maúlla fuerte, ¡de verdad!

Incluso mamá lo quiere (y lo finge muy bien, pero yo Voldemort -?- lo sé todo, siempre sé) lo abraza a escondidas y sonríe cuando lo ve, aunque enseguida cambia el semblante a indiferente. Pero lo quiere, porque también a ama a los gatos, no me engaña, ¡jah!

Mi hermano ha encontrado un pretexto para levantarse temprano, y a cada rato viene a mi habitación para preguntarme si “tengo frío”, aunque su mirada enseguida se dirige hacia Skylar.

Y nada más quería presumir al ser que roba mi corazón (no, no es broma, aunque puedo exagerar un poco)… Skylar, una cosa peluda de dos meses que come como un perro de 3 años y maúlla como si fuera 10 veces más grande.

Welcome home, baby *-*

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Ah, hija...

Hace unas madrugadas, decidí irme por el lado fácil. No dormiría, total… Entraba temprano a la escuela y si dormía el resto de las 3 horas, no despertaría.

Lo hice, me mantuve despierta y no me pareció extraño, mucho menos ajeno, lo hago cuando encuentro buenos motivos. Sin embargo, había algo diferente en esto, mamá también se despierta a esa hora, por lo que hubo un tipo de encuentro ante mi planeada desvelada.

No me regañó, solo me preguntó que si ya había visto la hora y que era el colmo. Mi mente trabajó tan rápido que le dije enseguida que no tenía sueño, así que encendí la computadora porque ya casi llegaba la hora de levantarme. No dijo nada de nuevo, se fue y tuve que apagar la computadora mientras meditaba lo poco que me quedaba para levantarme y que no podía dormir.

Todo pasó tranquilo el resto del día. En realidad, a veces siento que solo duermo porque es necesario, no porque en realidad me guste. Empiezo a considerarlo más bien como algo que necesito, no algo de lo que disfrute, cosa que hacía antes. ¿Fui yo?

En la tarde cuando llegó mamá no me comentó nada de la mañana, pensé que así se la pasaría, pero cuando coincidimos en la cocina en la noche sus dudas salieron a flote.

-¿Qué hacías tan temprano en la computadora hoy?

Cabe aclarar que mamá no es muy afecta de la computadora, solo a lo que va. Considera estúpido platicar con personas que ve todos los días, y usualmente siempre está como “no conectada”.

-Platicaba con unos amigos, los que no son de aquí- perfecta justificación.

-Ah, ya- error, mi error.

-Sí… ¿por qué?- Como fuera, había hecho la estupidez más grande de la noche, ahora mamá tenía razones para “aconsejarme”.

-Ay, Sheyla… - se fue con su vaso de agua sonriendo y negando con la cabeza como si no lo comprendiera. Aunque de verdad lo hacía, esa conversación ya había tenido lugar, y lo recordé en ese momento.

Cuando decido irme, algo me hace regresar, cuando decido quedarme, me hacen querer huir. ¿Y ahora qué? ¿Para qué me quedo ahí? Mamá me dijo que no toda la vida sería así, que en 10 años no tendría el tiempo para platicar con amigos por MSN, ni siquiera tendría tiempo de abrir una computadora (dependiendo de lo que hiciera). Y eso me asustó.

Me asusté, estoy asustada.

¿Cuándo terminaré esta faceta? ¿De verdad tengo que hacerlo? Mamá me dijo que no todo el tiempo podré estar contenta así, que llega el momento en donde hablarse así no es suficiente, ¿y lo es? Empiezo a creer que no.

Chronicles of Life & Hapiness

Polvo de estrellas comparadas con Tix Tix.
Lluvias de chocolate igualadas a una malteada.
La luna de queso parecida a unas Cheetos.
El sabor del pasto ajustado al sabor de unos sugus.
La oleada de viento que dejan tus alas comparadas con la brisa en un día cálido.

Momentos que se convierten en recuerdos, que desarrollan sentimientos… Y nos recuerda la simplicidad de la vida misma...

¡Ser un niño es simplemente una actitud!

Get Used To It

Me siento en un punto bastante caótico. Siento que estoy perdiendo mucho y no estoy recibiendo nada a cambio. Empiezo a ser tolerante para algunas cosas, pero no las que deberían de ser… Sin embargo, parece que se me está facilitando muy bien el arte de detestar el resto. Siempre me ha pasado que, después de pasar tanto tiempo con la misma rutina, los mínimos detalles, las mínimas palabras, las miradas y el tono de voz me resultan molestos. Es cierto, después de casi 2 años, no me adapto a ese ambiente. No es por querer lucir como una persona despectiva, pero su estilo de vida, los lugares a los que van, incluso la manera en la que hablan… bueno, simplemente no es mi estilo. Es decir, no es que no me guste salir, pero… me gusta salir a mi manera, al modo en que me acostumbré. Puede y mi forma de ser resulte hasta mamona por eso, pero… es que así soy. Soy bastante estricta, hasta para divertirme, es decir, me gusta tener en claro que planes hay, eso de “llegando vemos a donde vamos” no me queda, sinceramente hasta se me quitan las ganas de hacer algo.

De repente, empiezo a notar que ya no me gusta hacer mucho de lo que hacen, y a veces me siento hasta comprometida… Supongo que es parte de vivir, algo de lo que tienes que acostumbrarte, digo, siempre habrá un punto en el que tendrás que fingir ya sea para tu bien interno o para otros fines… Sin embargo, siento que estoy comprometida de manera temprana, y con las personas equivocadas.

Debe ser por eso que ahora deseo terminar con esta etapa… Al menos algo de ella, o la mayoría. Desearía que todo fuera como antes, extraño lo que hacía, lo que decía, con quién estaba. Pero eso no le quita nada a lo que pasa, eso me entristece.

Machismo

Hace unos días platicábamos con unos amigos sobre el machismo. A mí la verdad me vale madre, la igualdad existe, solo que no debes de ir a cualquier lado porque te creas chingona y liberal… Pues también hay límites: nada más no vayas a una cantina cuando sabes que te van a molestar, o lo que sea (igual aplica para los hombres)… Jugando con algunas palabras, buscando blanco en el negro y más, llegamos a lo siguiente. A ver si es algo lógico.

Zorro
Perro
Toro
Loro


Wey… Si eres un zorro, eres un superhéroe y te imaginas a la serie que pasaban antes o Antonio Banderas con su antifaz. Si eres zorra… Bueh…

Si eres un perro, claro está que eres el mejor amigo del hombre… Si eres perra… Guau.

Si eres toro, pues eres toro, wey. Malote por naturaleza… Si eres vaca, estás gorda.

Si eres un loro, estás bonito, verde y de repente hablas. Si eres cotorra hablas de más y te dicen que te calles por chismosa.

Pinches hombres, jaja. Aunque pienso que el machismo está pasado de moda y es una idiotez, esto se me hace un poco injusto. Y pues bueno… A veces pasa, ¿no? Estas palabras me bajaron de mi nube.

Peace.

I'm a Lady




Got some hearts that I'll be breaking

& I like sometimes to wave it
high



Up where everyone can see,
I'm a lady


Got my mind made up...



Time is running Out







...I think i'm drowning
asphyxiated...

I wanna break this spell
that you've created...

You're something beautiful
... a contradiction


I wanna play the game
I want the friction...





Just do it...





"Alice, tell me something true"


"Lying's the most fun a girl can have without taking her clothes off... but it's better if you do"

Nanny, dearest

No tiene muchos días, quizá como 2 o 3, recordé lo que hacía en la niñez. Eso se debió -algo extraño, además- a que tuve una pelea con mi madre.

Desde pequeña, mamá nunca estaba en casa. Y no es que ahora sea una joven que sufre por abandono paternal. La verdad es que, si no me importó en ese entonces, dudo que lo haga ahora. Es cierto, la independencia, la soledad sobre todo y mi propia lógica es lo que más aprecio en la vida. Soy astuta, soy inteligente y la verdad es que lo que no tenga que ver conmigo, me importa un comino. Desafortunadamente, mamá jamás se dio cuenta de eso.

Si digo algo que ella no sepa -graaan ofensa-, pronto dirá alguna indirecta sobre mi edad, y sobre la suya claro. Como que si 17 años no fueran suficientes para aprender bastante. Estoy en el estado de Dorian Gray. Sé más de lo que creo saber, pero menos de lo que deseo saber. Vaya… Si Henry no era tan mala influencia. No es que ninguna influencia sea buena. En fin.

Ahora, me encuentro hablando de mi madre, como si no le tuviera respeto, como si no la quisiera -como ella dice a veces-. Pero la verdad es que al contrario de eso, la respeto bastante. La amo y bueno, como siempre he dicho, no por decirle a alguien te quiero, significa que de verdad lo haces o sientes. No soy así, me fijo en actos para querer, amar y adorar a alguien. Y como bien diría el señor Bennet: le tengo mucho respeto a sus nervios.

Como sea, el punto es que me salí de tema. Platicando con mamá sobre algunos recuerdos de la infancia, era imposible para mí no recordar a la persona que fue como una segunda madre. Mi nana.

No recuerdo su llegada a casa, puesto que tenía tres años. Pero lo que sí recuerdo era lo que hacía conmigo. Una de sus hijas vivía con nosotros. Eran mi familia, regresando de preescolar jugaba con Mercedes, y si me hacía algo empezaba a llorar como la buena caprichosa que era y me quejaba con su mamá, es decir, MI NANA. No la recuerdo exactamente muy cariñosa, porque me regañaba, y si hacía algo fuera de lo dictado estaba seguro que mamá recibiría una queja en la noche. Afortunadamente, mamá no me decía nada… O no mucho.

Su cariño hacia mí no era tanto en comparación con el de su hija. Y sí, admito que a veces le tenía celos. Es decir, ¿por qué la quería tanto y le compraba tantos caramelos? Bueno, no es que cuando tuviese cinco años fuese una niña muy lógica. Mentalidad de una pequeña. Qué vergüenza. Claro…

Sin embargo, cuando no podía dormir con la luz apagada, corría a dormir con ella. Y no me importaba si después la apagaba… Porque yo me levantaba a encenderla. Era gracioso como refunfuñaba ante mi insistencia. Y aunque era una pequeña yo sabía que la quería mucho. Pero no había cierta confianza, al menos no un tipo de confianza importante. En una ocasión desperté en mi habitación, ella estaba de espaldas, y por un momento, me recordó mucho a mamá. Incluso llegué a pensar que era ella. Y aunque quisiera abrazarla y no soltarla, no lo hice. Al fin y al cabo, empezaba a comprender que ella no era mía.
Los años pasaron y las cosas cambiaban. Mamá empezó a tener problemas con ella. Se quejaba de la comida de los sábados -el único día que convivían, ya que el domingo era su día libre-, de cómo lavaba la ropa, hasta de cómo le contestaba. Como la mente inocente que tenía en ese tiempo, no lograba comprender por qué no contrataba a alguien más. Yo le decía que mi nanita ya estaba un poco mayor –me gustaba verla cuando se pintaba su cabellito, tenía poquito y a veces empezaba a teñirse de blanco, cruel tiempo que nos recuerda lo que hemos vivido- y que las labores ya no eran siempre fáciles. Mamá claro, solo sonreía con un gesto de qué facilidad de ver las cosas para una pequeña.

Su hija creció y yo también. Ella era mayor que yo, cuando apenas iba en la primaria, ella ya estaba en la secundaria. Claro que yo le tenía miedo, porque bueno… Algunos momentos con ella de pequeña no eran bonitos. ¿Alguna vez les pasó ser acusados por algo que no cometieron? Pues bien, eso me pasaba a mí. Su forma de pensar cambió, incluso una vez mamá le regañó por mentirosa. Ya que había dicho que yo era hija de mi nana y ella de mi mamá. No sé si era una ofensa para alguien de ahí, pero a mí la verdad, la idea me encantó. Se volvió interesada, acudía a lo que era de su conveniencia y aunque no pareciera, mamá se mantenía al tanto. Eso… Solo sumó muchas de las cosas que mamá ya no soportaba.

No pasó mucho para que mi nana decidiera irse, ya que algunos asuntos fuera de casa la llamaron de nuevo. Mercedes no quería irse, y no sabía si era precisamente por el cariño o porque no sabía lo que vendría después para ella. Pero no había marcha atrás, mi nana había decidido eso y ella no tenía voto.

Aún no lo creía. Apenas tenía 10 años. Era extraño ver como desocupaban sus cosas mientras yo me sentaba sobre una de las camas para verlas empacar y terminar con aquello que había empezado incluso antes de que lo recordara. Mi nana… Ya no sería mi nana.

El día en que se marcharon, seguía en un trance. Pensaba que pasaría como en alguna serie o libro que leía. Habría un arrepentimiento por parte de ellas y regresarían. Increíblemente, la decisión había sido de mi nana, no de mamá. Mamá decía que ella no podía decir nada, y que tampoco podía obligarla. Y tenía razón.

Después de eso, pasaron diferentes cambios en mi vida. En la escuela todo marchaba igual, no demostraba el hueco que tenía en el corazón. Mamá decía que no podía meter a cualquier muchacha a la casa, ya que tal vez podrían robar todo. A mí… solo me importaba algo: quería lo mío de vuelta. Deseaba que mamá no encontrase a nadie y que fuera en búsqueda de mi nana, y después encontraríamos la manera de convencerla a su regreso. Pero claro… Eso no funcionó.

Mientras tanto, saliendo de la escuela tomaba un taxi para llegar a casa. No había nadie. Buscaba comida, hacía emparedados, cereal -puede que ahí empezara mi tremenda adicción por el café y el cereal- o cualquier cosa que se me ocurriera. Veía Ginger a las cinco en punto y después hacía la tarea. Leía y miraba como llegaba mamá. Me preguntaba sobre cómo había estado mi día. Eso funcionó las primeras veces, pero después era una pregunta innecesaria. Los días se volvieron iguales, a excepción de lo que aprendía, de lo que leía, de lo que admiraba. Y en eso… maduré. Aprendí a amar la soledad, a manipularla… a saborearla.

Llegó el punto en el que mamá se preocupó y decidió que debería tener compañía. A mí, sinceramente, me daba igual. Era emocionante tal vez, una prima llegaría y tendría con quién platicar… o me privaría de lo que había hecho una costumbre. ¿Y si no me dejaban llevar amigas por su culpa? Eso se terminaría… o mejoraría. Mis padres parecían satisfechos, y pues yo no presentaría queja alguna.

Elena, mi prima, llegó. Era agradable, platicábamos de cualquier tontería. Comíamos comida chatarra todos los días. Y la comida mejoró. Todo eso marchó bien por unos meses, hasta que empezó a decir sutilmente que extrañaba a su familia y todo se fue al caño. La jovencita se dio un año sabático, y parecía que mamá lo aprovecharía. Pero no, ella se fue seis meses después.

De nuevo sola. De todos modos, la soledad me llamaba. Y no era en vano que disfrute de la independencia. Hago esto sola. Y no es en broma, de verdad prefiero trabajar sola.

Un par de meses después, mamá me comentó que uno de los contadores del trabajo le había dicho que conocía a una joven que era bastante eficaz, honesta, rápida y todo lo que mamá buscaba.

Entonces, Lolita llegó.

Mi vida había cambiado bastante en un año y medio. Hasta llegué a lavar mi ropa, y me sentía muy realizada. Inocencia, inocencia. Todo lo que hacía me parecía un avance.

Jamás me quejé de Lolita. Desde que está con nosotros ha demostrado que es especial, que es leal y que siempre contaremos con ella… O bueno, hasta que decida irse.

Por algunos azares del destino, Lolita conocía a mi nana doña Luvia. Parecía ser que las dos estaban en un programa, o algo parecido. Me comentaba que llegaba a las juntas sola y que siempre llevaba un rebocito celeste. Ese rebozo… El rebozo celeste. Era mi nana. Era increíble como mis esperanzas no eran en vano, ya que, si veía a una señora bajita, delgadita y con un rebocito celeste, era probable que fuese mi nana. Era ella.

La relación con Lolita se mantuvo perfecta, hasta ahora. La confianza que le tenemos -y que yo le tengo- es grande. Estuvo cuando mi hermano menor nació. Incluso le compraba comida a mi par de gatitos.

Un día, justo un 31 de Diciembre, me despertó en la mañana. Recuerdo que eran como las diez, y le pedí el día anterior que me despertara para hacer algunas cosas para la cena de la noche. Después de todo, sería Año Nuevo. Antes era su costumbre poner el peso de su mano sobre mi espalda para despertarme. Ahora las cosas cambiaron un poco, pero el agrado sigue siendo igual. Me levanté, estirando los brazos y me senté. Su cara me dio cierta sensación en el estómago. Solo necesitaba que dijera algo, pero no eso.

-¿Quién crees que falleció?

La verdad es que no tenía una idea de quién había fallecido. Hice un gesto de no tengo la menor idea y ella dijo algo que me dejó sin palabras.

-Tu nana.

Pero si no tenía mucho la acababa de ver. Justo cuando mamá estaba embarazada. Recuerdo que quise llorar al verla cerca de casa, pero ella ya no vivía ahí. Felicitó a mamá por su embarazo y hasta le acarició la pancita. ¿Y ahora estaba muerta?

No lloré.

Lolita me dijo detalles, sobre su funeral, sobre las causas de ello. Todo lo que sabía.

Era increíble, mi segunda madre, mi nana… Ya no estaba. Y ahora no era mía, y tampoco era de Mercedes. Ella… ya no estaba. Al llegar mamá le dije la noticia, ella tampoco lo podía creer. Y su tristeza era evidente… La quería. Y yo también.



Y así fue como una conversación con mamá me recordó a mi nana. No recuerdo si alguna vez la ofendí, si le dije que la odiaba o que ojalá se muriera -vaya madurez infantil-, ni siquiera si algún día le dije que la amaba. Pero no porque no lo haya dicho quiere decir que no lo hiciera. Cuando me enojaba, ella no me hablaba. Y a veces le pedía disculpas, o simplemente le daba un abrazo. Y así era como me sentía bien, con mi nana.

No escribí esto con cierto fin. Era solo que necesitaba dejar una huella de ella, que de verdad estuvo ahí, de la señora que fue muy importante en mi vida, de alguien a la que amo y que siempre estará en mi corazón. Estuvo en él en un principio, no dejará de estarlo jamás. Te amo.