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Game of Thrones


Como bien sabemos, ayer se estrenó la segunda temporada de Game of Thrones. Sí, después de un año de espera, la serie regresó y a mi parecer, no decepcionó. Honestamente no puedo pedir más, las actuaciones como siempre son buenas, y la historia es insuperable. Gracias a HBO por introducirme en el mundo de George Martin que desde el estreno de la primera temporada me tiene completamente obsesionada.

Pues bien, no pretendo dar una crítica profunda y concreta. Solo quiero ordenar mis ideas y el buen sabor de boca que me dejó el primer capítulo.

Creo que hay varias cosas por comentar, pero por el momento solo compartiré lo que capturó más mi atención desde Choque de Reyes.

Creo que la música mejoró mucho, de por sí cada capítulo parecía una película de 50 minutos, la música le agregó un toque más emocionante (aunque claro, aquí la obsesionada con los detalles musicales y fotográficos soy yo, así que pueden ignorar esta observación).

El inicio fue muy bueno, notando los roces entre Joffrey y Sansa, a ser Dontos y por supuesto, al favorito, Tyrion. Como siempre, de lo mejor. Silbando feliz ante el consejo y caminando por ahí con sus salvajes… en fin, es una joya de personaje y ya, desde ahora, lo amo.

Extrañé mucho los “HODOR!” de… Hodor. Y también quería ver los ojos rojos de Melisandre… aunque debo confesar que no me decepcionó. Creo que el capítulo en sí fue muy bueno como introducción.

Cersei, por supuesto, tampoco decepcionó. La verdad es que soy una fanática loca de los Lannister, así que disculparán mi entusiasmo con ellos. La escena de Cersei y Meñique, a mi parecer, fue de las mejores… El poder es poder, y muy a su estilo lo demostró. De igual manera amé la escena de Robb y Jaime, el huargo y las condiciones de los Stark. Me dio una idea de lo que será la escena entre Catelyn y Jaime… me atrevo a decir que será incluso más interesante…

Eso sí, creo que los huargos y los dragones se ven aún muy... falsos, pero ¿qué se le puede pedir a la vida con ese elenco? Lo cierto es que aunque les falta más realismo, hasta ellos actúan perfectamente…

Me encantó el final, con Arry y el bastardo de Robert… oh, well, el toro. Fue como, emmm... *inserte gritito fangirl aquí*

Daenerys, Bran, Jon y Robb... asdfghjk (no encuentro una palabra adecuada para expresar lo mucho que los amé). Sí, eso. La estrella roja, los encuentros y bueno, la adaptación en general es buenísima. Así que… HBO lo hizo de nuevo, considerando que Choque de Reyes es una  joya, dará mucho de qué hablar.

Honestamente muero por ver a Renly en acción, aunque lo cierto es que me interesa más ver la moza de Brienne y lo que pasará después… Porque sí, Brienne es un personaje que de igual manera me encanta.

En fin, el punto es que... ¡YA QUIERO QUE SEA DOMINGO!

Historia de la Iglesia del Carmen

Localización
El edificio de El Carmen se sitúa sobre la calle de Miguel Hidalgo que parte de la plaza mayor, llamada 31 de Marzo, en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas. Forma parte de un conjunto arquitectónico-cultural que comprende un centro de convenciones formado por un local de reuniones de grandes dimensiones, con posibilidad de ser divididos en locales menores, y un edificio antiguo que fuera hasta 1978, aproximadamente, asilo de ancianos, y que con anterioridad formaba parte del convento de la Encarnación. Otras secciones del mismo conjunto son el edificio de Bellas Artes, local para espectáculos culturales y conferencias, y una biblioteca pública.

Todo este conjunto arquitectónico empieza en la calle de los Hermanos Domínguez y se prolonga hacia el sur. El lugar que ocupa todo él perteneció al convento de la Encarnación, según se muestra en el plano de Juan Orozco, fechado en 1844, que es el más antiguo conocido en la localidad. En aquellas fechas la calle de los Hermanos Domínguez se llamaba de la Encarnación y el paso hacia el sur de la ciudad solo podía hacerse por la calle de San Francisco, hoy avenida de los Insurgentes y por la calle de los Laureles, la actual avenida 5 de Mayo. Por tanto, la calle que hoy es Migue Hidalgo y conduce a la plaza mayor, terminaba en el convento y no se continuaba más allá del arco del Carmen.

Esta serie de edificios antiguos y modernos, se ubica en torno del arco del Carmen, un campanario edificado en 1677, que permite el paso por debajo. El arco del Carmen es uno de los monumentos arquitectónicos representativos de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, tanto como Santo Domingo o la Catedral. El convento de la Encarnación fijaba el término de la ciudad en 1844, después de él hacia el sur, solo había una manzana de casas.

La plaza de El Carmen es el vestíbulo principal de acceso al sitio monumental, se ubica en la esquina de Miguel Hidalgo y Hermanos Domínguez y constituye uno de los más hermosos rincones de la ciudad.


Historia
El edificio que hoy conocemos como El Carmen tuvo otras advocaciones; durante el siglo XVI era conocido como San Sebastián, a partir de 1610 quedó a cargo de las monjas concepcionistas, y la advocación del templo fue de la Encarnación. En 1930 recibió el nombre actual.

Se sabe de la existencia de una iglesia de San Sebastián porque les fue donada a las concepcionistas para establecer su convento el 24 de agosto de 1610. Por esta razón se acepta que la construcción actual pudiera estar aprovechando parte de la primitiva iglesia de San Sebastián.

Nada queda del claustro ni de las celdas del convento, solamente la iglesia, conocida ahora como El Carmen, con su curiosa planta en forma de “L”, ocupa los lados sur y oeste de una pequeña plaza. La torre está situada al extremo este del edificio de la iglesia, obstruyendo parcialmente la calle que viene desde la plaza mayor. El complejo de edificios, incluyendo el claustro, las celdas y demás dependencias, así como la iglesia y la torre, fue todo parte de del convento de monjas conocido como La Encarnación durante la colonia. Esta casa monástica fue fundada oficialmente a finales del siglo XVI, sin embargo, no fue sino hasta 1609 o 1610 cuando llegaron las primeras monjas. Para esa época se le había cedido una parcela de terreno que incluía una iglesia que antes estaba bajo la advocación de San Sebastián, la cual retuvieron durante casi 300 años, hasta que abandonaron su convento y la iglesia en 1863.

Aparentemente el convento y la iglesia habían estado en construcción por algún tiempo antes de que llegaran las monjas fundadoras, ya que en 1607 se hizo necesario pedir limosnas para terminar la obra. También se sugirió en ese entonces que se trajeran albañiles de Oaxaca o Guatemala para trabajar en los edificios, lo que indicaba que había escasez de mano de obra calificada en San Cristóbal de Las Casas. En 1609 el convento no estaba terminado todavía, ya que aún quedaban por construirse los detalles necesarios para que pudiera efectuarse la clausura perpetúa.

Las dificultades para edificar un convento formal se agravaban por el aislamiento en que se encontraba San Cristóbal, lo que hacía casi imposible obtener materiales tan simples como el hierro para el enrejado de sotocoro que se abría a la iglesia. En el informe de 1609, se describía que la reja era de madera. Según la opinión de un informante contemporáneo, si se hubiera empleado hierro ésta habría costado solamente un poco más que si se hubiera hecho de plata. No obstante todo lo anterior, cuatro monjas que estaban viviendo en Guatemala mientras el convento se construía llegaron a ocuparlo.

En un informe rendido en 1618, parece ser que gran parte del convento no estaba terminado todavía, aunque la iglesia con su coro, su capilla mayor y su sacristía ya estaba lista. El corredor del claustro, destinado a reforzar y adosarse a la pared meridional de la iglesia, no se había construido todavía. El dibujo de la iglesia que se presentó con el informe muestra un edificio bastante simple con una planta angosta de una sola nave, el coro en un extremo y la capilla mayor en el otro.

La entrada principal, o portería, del convento, señalada en el plano de 1618, está situada en la misma calle que ahora se encuentra obstruida por la torre. Los edificios del convento que ocupaban el área al sur de la iglesia y al este, al otro lado de la calle, han desaparecido completamente. El claustro principal realmente se apoyaba sobre el muro meridional de la iglesia.

Originalmente, la iglesia tenía una espadaña que fue destruida por un huracán a mediados del siglo XVII, por lo que hubo necesidad de tomar otras medidas para colgar las campanas de la iglesia. La alternativa elegida fue la de construir la torre en el extremo este de la iglesia sin importar el hecho de que obstruiría la calle. El 8 de febrero de 1677, el concejo municipal concedió el permiso para construir la torre en la calle que iba de la plaza mayor a la entrada principal del convento, a condición de que se dejara un claro con arco, a nivel del piso, para que se pudiese transitar en él. El texto de la licencia se inscribió en una pequeña placa que se fijó en el muro septentrional de la torre, del cual se deduce que la fecha de construcción de ésta debe haber sido posterior al año 1677.

De no ser por las referencias que casualmente hace Gage en 1625, o las de Molina que aluden a una inundación que puso en peligro los edificios de 1652, o las de un informe que da cuenta del raquítico ingreso de las monjas en 1654, no se sabe más de la historia del convento durante la mayor parte del siglo XVII, pero sí se dispone de más información a partir del siglo XVIII.


Arquitectura: La Iglesia
Como ya se ha dicho, todo el conjunto cultural, y de convenciones tiene como centro arquitectónico el arco del Carmen, que se encuentra ubicado en medio de los demás edificios y sobre la calle, por lo cual se ve mejor y antes que todos los demás. Con respecto de la iglesia del Carmen, la torre se sitúa junto a ella del lado oriente. Se trata de un amplio campanario de planta cuadrada y de cuatro niveles de altura, en el último de los cuales, más remetido que los demás, se ubican las campanas. Los tres primeros pisos se apoyan en cuatro gruesos machones, cerrados dos a dos, por arcos de medio punto. Los machones o enormes pilastras, y los arcos, forman el paño exterior de las fachadas, y remetido con respecto de ellos se levanta el plano vertical de la fachada con una abertura en cada nivel; esta composición se repite en cada una de las fachadas exteriores.

La iglesia del Carmen tiene el ábside en el costado poniente, mientras que el lado oriental se cierra con la torre a partir de 1677. La entrada a la iglesia del Carmen se hace por el costado de la iglesia del Carmen se hace por el costado de la iglesia que da hacia la plaza, es decir, hacia el norte. Esta disposición lateral de la entrada del público es característica de las iglesias novohispanas de los conventos de monjas, por eso su fachada principal no queda en uno de los costados cortos, opuesta al ábside como ocurre en las iglesias normales. La portada principal de estos edificios se abre en uno de los muros laterales.

El sistema constructivo del edificio eclesiástico es el tradicional chiapaneco de artesonado de madera con armadura de par y nudillo, cubierto de teja. Es el mismo procedimiento que sigue la primitiva capilla del Carmen, que sale de la nave del templo, cerca del ábside. Esta capilla tiene una portada interesante terminada en lo alto con una espadaña de tres huecos.

Una de las principales cualidades del edificio es su agradable escala, es decir, la relación de proporciones entre sus dimensiones, y las del cuerpo humano. Están en perfecta concordancia con las medidas de la plaza del Carmen, con la cual se forma un recodo, atractivo para el caminante.

El edificio de la iglesia es arquitectónicamente indefinido y muy sencillo en su planta y alzado. El techo actual es de madera y teja y bien puede ser de origen postcolonial. Es de una sola nave, con un arco toral que se abre en la capilla mayor, que está a un nivel considerablemente más alto que el del piso de la nave, y a la cual se llega por medio de un tramo corto de escalones. Otro arco de medio punto marca la entrada al brazo del crucero que tiene dos tramos de largo. El artesonado colocado sobre la nave es extremadamente sencillo, mientras que el del brazo de crucero tiene la forma de una artesa y un acabado más rico, con hermosos tirantes pintados en rojo y oro.

Las dimensiones exteriores son las siguientes: el lado meridional mide 57.40 metros de largo desde la esquina suroeste hasta la estribación que se sobrepone a la torre situada en el otro extremo; el lado septentrional que da a la plaza es 2.60 metros más corto y mide 32.50 metros de la torre al ángulo en que se proyecta el brazo del crucero, la longitud del brazo de crucero es de 22.30 metros, haciendo un total de 54.80 metros para todo el lado septentrional; la anchura exterior de la nave es de 12.50 metros; el muro posterior, incluyendo la sección ubicada detrás de la capilla mayor y el ancho del brazo del crucero, mide 29.90 metros; el muro este del brazo del crucero es de 17.60 metros, o sea unos 20 cms. más corto que su muro correspondiente en el lado poniente. De hecho, el brazo de crucero está ligeramente sesgado, de manera que la esquina interior en la que se une con el muro de la nave no está completamente en ángulo recto.

Las dimensiones interiores son como sigue: la planta del coro tiene un poco la forma de cuna y mide 3.50 metros de largo sobre el lado norte, 9.00 metros de ancho y finalmente 4.70 metros de largo en el lado sur. La planta cuneiforme proviene del emplazamiento sesgado de la torre, cuyo eje se desvía como ocho grados del eje principal oriente-poniente de la iglesia. Esta está orientada hacia la dirección de la calle, la que probablemente se hizo después de que la iglesia había sido construida.

En su interior la nave mide 9.50 metros de ancho, la longitud de su muro meridional es de 42.50 metros y 41.30 metros la del septentrional, como 1.20 metros menos que su contraparte; la capilla mayor, incluyendo el arco toral, es de 11.25 metros de longitud, y su anchura es unos 25 cms. más que de la nave. Los muros no tienen un grosor uniforme, pero en general este es de 1.60 metros.

Los muros de la nave y del brazo de crucero son parte de adobe y parte de piedra burda y ladrillo cubiertos de un acabado liso de estuco. El exterior del muro meridional de la nave se quedó descubierto, aunque aún pueden verse restos de un acabado de estuco. En la pared meridional de la nave quedan algunos vestigios del claustro de dos pisos que alguna vez se apoyara en él. Las ventanas alargadas de la nave son de forma semejante a las de la catedral que se encuentra a unas cuantas cuadras, en la plaza, y son probablemente de reciente construcción.

La puerta de la nave que se abre a la plazuela hacia el norte está enmarcada por un par de pilastras que son copias directas, aunque primitivas, del tipo de las que se ven en Antigua Guatemala, en la fachada de las iglesias de Santa Clara, fechada el año de 1731, y la de la Escuela de Cristo, del año 1720 y después del 1740. Cada pilastra está compuesta de un fuste en forma de balaustre o candelabro, cuyo contorno describe dos pares de curvas opuestas con forma de “S”, colocadas una sobre la otra. Este motivo también aparece en la calle central del tercer cuerpo de la fachada de la iglesia de Santo Domingo, al otro lado de la ciudad.

En cada enjuta del arco de la puerta se encuentra un león rampante encochado dentro de un escudo con forma de corazón. Ambos leones están frente a frente. Un ave trabajaba muy rudimentariamente, posiblemente un águila con las alas extendidas, está situada directamente sobre el empino del arco. La composición del portal está terminada con un pequeño nicho arriba de la puerta, a cuyos lados pueden verse dos pilastras pequeñitas decoradas con un diseño floral ondulado. Medios frontones en forma de volutas curveadas como “S” y terminados en espirales foliadas sirven de marco al nicho. Los merlones situados a ambos lados tienen la apariencia de maceteros y van cubiertas con grandes hojas de acanto, con un objeto que tiene el aspecto de un pistadero con perilla que se proyecta desde la parte superior. Este tipo de almena también se encuentra en las torres con campanarios de la iglesia de San Francisco, a unas tres cuadras de distancia.

La aparente conexión estilística con la pilastra de Antigua Guatemala bien podría ubicar a la portada dentro del siglo XVIII, probablemente después del año 1740, durante la etapa de construcción financiada por el obispo Vital de Moctezuma, entre 1753 y 1766.

La otra puerta que abre la plazuela, es decir, la puerta del brazo de crucero, está localizada en un frontispicio especial, o fachada-retablo que sobresale del plano de la pared y que lleva inscrita la fecha de 1764. Aquí nuevamente hay relación de estilos con los monumentos de Antigua Guatemala. El trazo del retablo es exactamente igual al que normalmente se empleaba en Antigua Guatemala: tres calles verticales y dos cuerpos horizontales, además de un remate. Las proporciones del retablo son más bien alargadas, si se comparan con las del tipo del Antigua.

Pero a diferencia de la fachada-retablo antigüeña, no hay ningún nicho en las calles laterales. Además, en lugar de una ventana-nicho en la calle central del segundo cuerpo, hay un nicho profundo con un cabecero semicircular enmarcado por un diminuto par de columnas salomónicas que sostienen un frontón curvilíneo trabajado en bajorrelieve. El ático romano del tercer cuerpo, con pedestales alargados que se cortan en ingletes en los centros de las columnas, es demasiado alto en proporción con el podio situado en el primer cuerpo y al ático que se encuentra en el segundo. También estos pedestales dan muestra de recientes reparaciones. La espadaña de tres vanos es relativamente alta, aunque de proporciones aceptables con respecto a la altura del ático romano sobre el que descansa. A ambos lados hay pequeños campanarios, de planta cuadrada, con cúpulas diminutas. Sobre cada una de las cuatro esquinas de estos campanarios se hallan colocadas almenas piramidales.

Las columnas que adornan la portada son de poco mérito arquitectónico. Las que van en el cuerpo inferior, burdamente imitan el contraespiralado retorcido de la fachada de Santo Domingo. Las espirales se enroscan hacia arriba del fuste hasta bajorrelieve. Las espirales continúan arriba de esta moldura, pero enroscándose en dirección contraria, éstas también varían de dirección de fuste a fuste. Sin embargo, estas espirales no son más que incisiones escarbadas en forma irregular, que dieron como resultado una mescolanza de líneas diagonales no muy bien definidas y más o menos paralelas, más que el movimiento espiral continúo que obviamente intentó lograr el artesano. La columna exterior situada en el lado izquierdo es lisa y de menor diámetro, lo que hace pensar que debe estar substituyendo a la original que quizá se haya destruido. Los capiteles consisten en dos hileras de pétalos colocadas una sobre la otra, y son de un tipo similar a los que se emplearon en las columnas de la torre, pero estos últimos de mucha mejor ejecución y acabado.

Las columnas del segundo cuerpo tienen el mismo tipo de capitel, pero en éstas los fustes son de estrías convexas, fasciculadas, divididas por un collarín liso en el centro. La columna exterior del lado izquierdo, como en la del primero, es más delgada y sin estrías. Aparentemente, esta esquina de la fachada ha sido reparada en fecha desconocida, quizá incluso recientemente.

Con excepción del espléndido artesón de la capilla saliente, o brazo de crucero, el interior de la iglesia es más bien sencillo y sin ningún adorno. Algunos de los retablos valen la pena de tomarse en cuenta, pero es difícil fecharlos. Así pues, la iglesia representa tres edificios distintos: el original, construido en el siglo XVI, las alteraciones y adiciones realizadas a principios del siglo XVII; y finalmente, los agregados y modificaciones del 1760 y de épocas posteriores.


Arquitectura: La Torre
La torre se apoya sobre el muro este de la iglesia situada al extremo del coro. Se levanta justo en la vía de la calle que va de la plaza mayor a los suburbios de la ciudad, del otro lado de la calle. La torre es de hecho más ancha que la calle, de suerte que la porción inferior queda oculta por las altas bardas de los jardines de las casas particulares que se encuentran en el lado opuesto de la calle.

La torre es de planta cuadrada y de dimensiones achaparradas, pero proporcionadas. Su altura se ve incrementada por una estructura abovedada colocada hacia el conjunto situado debajo de un monumental arco de medio punto. Pero esta sección más pequeña del cuarto piso sólo puede verse desde lejos. Al lado septentrional de la torre, durante su remodelación, posiblemente realizada por el arquitecto de la localidad, Carlos Z. Flores, quien estaba en el cenit de su carrera a finales del siglo XIX y principios del XX. A él se debe la remodelación de la catedral y también la construcción del actual ayuntamiento. No se sabe si los elementos decorativos neoclásicos que se añadieron al lado norte de la torre estuvieron directamente a su cargo o al de alguno de su séquito. De cualquier manera, fue Flores quien introdujo el estilo neoclásico en San Cristóbal.

Pares de pilastras estriadas de dos pisos de alto, completamente fuera de tono con la estructura del siglo XVII, se aplicaron a las caras internas, o recodos achaflanados, de los contrafuertes que se encuentran a ambos lados del vano arqueado. Además, un frontón triangular excesivamente alto se agregó sobre la ventana del segundo piso. Su cornisa horizontal se interrumpe repentinamente en los riñones del arco de la ventana. Las jambas del vano arcado que va sobre la vía de la calle también eran estriadas, pero se le agregó una moldura neoclásica al extradós de la archivolta del arco. El acabado liso, de estuco, de todo el lado septentrional de la torre también se volvió a hacer, borrando algunos detalles importantes, por ejemplo la moldura del extradós del arco monumental de tres pisos de alto. Afortunadamente se hicieron pocas adiciones, o tal vez ninguna, en el lado meridional de la torre, el que da a la salida del pueblo, o por lo menos en los pisos de arriba de los lados este y oeste. En resumen, el carácter franco y directo del edificio, expresado a través de formas y estructurales sencillas, se adulteró con elementos neoclásicos solamente en un lado. El lado sur que se dejó desornamentado todavía revela las proporciones armónicas y el diseño de una estructura que no fue agraviada por la absurda intromisión de la decoración superflua que se había agregado al lado septentrional.
La torre es sorprendente por la simplicidad de su concepción y la franqueza de su diseño. La base es de tres pisos de alto y queda protegida por el arco de la parte hundida que forma un enorme nicho. Este arco está ligeramente peraltado y descansa sobre amplias secciones de las paredes situadas a ambos lados, cada una con una dimensión de exactamente un cuarto del total de la anchura de la torre. O sea que el claro del nicho tiene dos partes de ancho y cada sección de la pared tiene una parte. La archivolta de este arco, construida de ladrillos colocados a la manera de dovelas, queda ligeramente hundida arriba de los riñones, de manera que se acorta la altura de su empino. Una moldura formada por dos hiladas voladizas de ladrillo acentúa el extradós de la archivolta. Este detalle casi ha desaparecido totalmente en el lado septentrional de la torre.

Debajo del arco monumental se encuentran, en primer lugar, el claro con un arco de medio punto que permite el paso, después de una ventana con su cabecero semicircular en el segundo piso, y otra ventana del mismo tamaño y diseño en el tercero. Macizos contrafuertes trapezoides emergen de las caras externas de la torre formando un espacio achaflanado, como embudo, que sobresale de la pared estructural principal de manera que el vano del túnel parece estar colocado dentro de un profundo pórtico. Los contrafuertes se elevan hasta la línea de arranque de la ventana del segundo piso. Los contrafuertes del lado meridional se quedaron lisos, como seguramente estaban desde un principio, mientras que los de la parte septentrional están decorados con las pilastras neoclásicas que se mencionaron anteriormente.

La ventana del tercer piso se abre directamente debajo del intradós del arco-nicho. El lado poniente de la pared principal de la torre está parcialmente oculto por la mampostería de la pared este de la iglesia. De hecho, las partes superiores de la pared poniente de la torre surgen del techo de dos aguas de la iglesia. El lado oriente de la torre es independiente, excepción hecha de la casa particular que ahí se apoya.

Arriba del segundo piso pueden verse molduras lisas horizontales, compuestas de tres hiladas voladizas de ladrillo que le dan cierto realce al conjunto de la torre, que de otra manera se vería completamente desnudo. La primera corre a través de la fachada, a nivel del empino de la ventana del segundo piso sobre la cual describe un círculo parcialmente concéntrico con la cabecera de la ventana. Una segunda moldura se extiende a lo ancho de la fachada, justamente debajo del piso de la ventana del tercer piso y marca el arranque del gran arco-nicho, a la vez que delinea también un gigantesco luneto.

La construcción de esta moldura trifásica situada en la línea de arranque es similar a la de abajo, con excepción de las secciones cortas que van en los recodos de las jambas del nicho. Aquí, una moldura de sección curvilínea, de inspiración clásica, se agrega abajo de la franja salediza de tres hiladas. Su corte se hace notorio donde termina y coincide en nivel con la cara exterior de la jamba de la cual arranca el arco-nicho. Empezando por la parte superior, la moldura consiste en una gola invertida, o curva en “S”, cuya parte superior está tratada con una espiral, ésta se conserva intacta solamente en el lado sur; después va otra gola invertida más pequeña, también con espiral pero en la parte inferior, e igualmente se conserva en su estado original en el lado meridional. Una versión amplificada del mismo perfil de la gola invertida, repetido cuatro veces, se aplicó como decoración de la cara externa de las jambas que van debajo de la moldura de los recodos. Una tercera moldura, compuesta también de tres hiladas saledizas de ladrillos, corre a través del tímpano del luneto. Esta se tiende un poquito debajo de la línea de arranque del arco de la ventana del tercer piso. También describe un semicírculo concéntrico peraltado sobre la cabecera de la ventana.

En cada esquina de la torre se halla colocada una columna enmarcando las enjutas del arco del nicho. El conjunto produce el efecto de un alfiz cercado, a los lados por las columnas, abajo por la moldura trifásica horizontal que marca el arranque del arco, y arriba por la cornisa horizontal situada en la parte superior de la base de la torre y sostenida por las columnas. Las columnas se encuentran metidas, en relación con el plano de los muros de las esquinas, es decir, están empotradas dentro de una especio que, en planta, forman un chaflán cuadrado en las esquinas. Los fustes son monolíticos y descansan sobre bases áticas sencillas, desplazándose de plintos excesivamente altos. Los capiteles son semejantes a los de portada del brazo de crucero de la iglesia, pero son de manufactura mucho más fina y deben haber servido de modelo. Dos hileras de hojas con sus puntas sobresalientes están colocadas una sobre la otra directamente debajo del ábaco, el cual tiene los cantos ligeramente cóncavos. Las partes inferiores de las columnas en el lado poniente quedan ocultas por el techo de la iglesia de la que parecen surgir. De hecho, una porción del tercer piso de la torre será integrado con la pared oriente de la iglesia. El extremo este de la iglesia y el lado poniente de la torre comparten una parte de pared.

Los tres primeros pisos terminan con una cornisa voladiza de ladrillo semejante a las tres molduras horizontales de abajo. Directamente arriba corre una balaustrada alrededor del perímetro. Un pedestal cúbico está situado en cada una de las cuatros esquinas y otros tres, de proporciones más ligeras, están colocados en cada de las cuatro esquinas y otros tres, de proporciones más ligeras, están colocados en cada lado, equidistantes unos de los otros. Los pedestales están unidos por paneles con un enrejado tosco que desde lejos se ve como una tracería de lámina. Los balaustres están moldeados de manera que forman un patrón continuo de número 8 y dan la apariencia de un enrejado de madera calado con sierra.

El pequeño “penthouse”, o sea el cuarto piso, colocado atrás, en relación con el cuerpo principal de la torre, tiene dos ventanas arqueadas que dan a cada lado de la calle. Sobre los lados sur, este y poniente, éstas se dejaron sencillas y sin adornos. Las del lado norte, sin embargo, están tratadas con jambas y archivoltas salientes. Es imposible decir si estos detalles se agregaron recientemente. El cuarto piso sirve como campanario. Su exterior tiene la forma de cúpula, la cual lleva ocho nervaduras en el extradós que irradian de una pequeña linterna que se encuentra en la corona. Las paredes del campanario terminan con una balaustrada enrejada igual a la del cuerpo principal de la torre de abajo.

Hay otros detalles que merecen mencionarse en cuanto a que muestran una relación inequívoca con la tradición de la construcción mudéjar. Un patrón circular en yeso va aplicando a la pared cercana a los capiteles, en las enjutas del alfiz formado por las molduras horizontales y las columnas del tercer piso. Si se observa de cerca se puede apreciar que este elemento curvilíneo no es sino una variación de la estrella de ocho picos de líneas estrictamente geométricas que es tan común en el vocabulario decorativo mudéjar. Aquí los picos de la estrella, normalmente triangulares y alargados, se transforman en losanges, es decir dobles triángulos colocados en tal manera que forman una especie de rombo. Los triángulos interiores se vuelven curvilíneos, con los lados cóncavos. Una banda periférica une los ocho picos de la estrella, formando así todo un patrón circular. Pero el borde interior de la franja circundante tiene las orillas festoneadas, lo que da como resultado líneas cóncavas y convexas entre los picos. Cada pico individual emerge de una estrella más pequeña, las que a su vez surge de una roseta circular. El material empleado en la ejecución de estos diseños es el yeso, un material común en la colonial América Central para la elaboración de motivos decorativos conocidos como ataurique. Empezó a usarse hacia los finales del siglo XVII en Antigua Guatemala, por ejemplo, alrededor de las ventanas y las pechinas de la Catedral. Este tipo de decoración en yeso estaba muy difundida en España y formaba parte de la tradición constructora mudéjar.

Pero aun posee un espíritu más mudéjar la bóveda de madera de ocho lados en la planta baja de la torre, la cual forma el pasaje de la calle. Esta representa una transformación en madera de la conocida bóveda poligonal, casi hemisférica, empleada en la arquitectura mudéjar, la bóveda esquifada. La bóveda esquifada es una bóveda hemisférica dividida en ocho secciones, o algunas veces dieciséis, y es de planta poligonal sostenida por trompas. Existen numerosos ejemplos de este tipo de bóveda en Sevilla y las regiones aledañas, que datan de finales del siglo XIII aunque se volvieron más populares en el XIV. Este tipo de cúpula también se encontraba al norte, en Castilla, más o menos en la misma época, pero en todos los casos es, sin lugar a dudas, de inspiración sevillana. Sin embargo, este tipo de bóveda rara vez se usó, si acaso, para techar presbiterios, y se relegó más bien para las capillas menores. Por otro lado, en Sierra de Aracena, así como en otras partes del área que circunda Sevilla donde el pasado islámico tuvo una larga sobrevivencia, las bóvedas poligonales hemisféricas se usan algunas veces también en los presbiterios. Es así como la bóveda de madera de la torre de El Carmen en San Cristóbal tiene una ascendencia que proviene de la Arquitectura mudéjar de la baja Andalucía.

El pasaje es de planta oblonga y podría haberse techado con una simple bóveda de cañón, o incluso más económica y fácilmente con un techo plano de madera ya que el espacio no pasa de los tres metros. En vez de eso el carpintero eligió cubrirlo con una imitación de bóveda esquifada de mampostería. Una ménsula corta colocada en cada una de las cuatro esquinas convierte la planta, o el arranque de la bóveda, en un octágono alargado. Estas ménsulas, cuyos extremos están tallados en forma de espiral, funcionan como trompas. La planta octagonal de la bóveda está recortada por la intersección de las paredes laterales, mismas que ocasionan su forma alargada. De esta manera, los remates de las paredes describen archivoltas trapezoides. Las partes de la bóveda descansan sobre las coronas de las archivoltas trapezoides son más cortas que el resto conformando así la geometría de una bóveda octagonal imaginaria cortada por planos paralelos en dos lados, muy semejante a la manera en que las bóvedas vaídas se forman cuando un hemisferio imaginario es recortado por cuatro planos en ángulo recto uno del otro.

Una estrella de madera de ocho picos, cuyo centro está hecho de una roseta con una sucesión de dientes de sierra, está pegada a la corona octagonal plena de la bóveda a la que confluyen las ocho secciones. Esta roseta con estrella de ocho picos, se usa frecuentemente para decorar el harneruelo, o almizate, del artesonado –la sección plana horizontal formada por el entablonado clavado a la parte de abajo de las vigas que amarran las alfardas y que forman de esta manera un techo interior que es un triángulo truncado—. Las rosetas se usan algunas veces como motivo decorativo en las molduras entrelazadas en los tirantes dobles del artesonado. En conclusión, la bóveda hemisférica poligonal de ocho lados, construida en madera, que se encuentra en el pasaje, es un ejemplo notable de la sobrevivencia de la construcción y de las técnicas de decoración mudéjar.

La cúpula que cubre el cuarto piso es decepcionante en cuanto a estilo. Su exterior se ve como una típica cúpula renacentista apoyada en pechinas, una impresión que es fortalecida por el hecho de que se levanta de una planta cuadrada. Pero en su interior es totalmente diferente en construcción y realizada con técnicas de albañilería semejante a los de las pequeñas capillas que van a ambos lados del presbiterio en la iglesia de Santo Domingo en Chiapa de Corzo. Pudo también haber sido concebida con un techo de cuatro aguas, cada lado del cual se eleva hasta una sección plena horizontal en la corona. Cada uno de los cuatro lados de la bóveda describe un arco, pero no es esférico; es decir, cada lado es un plano que se curva hasta encontrar la sección plana horizontal de la corona. La bóveda no está planeada como una intersección de bóveda de cañón, es decir, bóveda de crucería, sino más bien como la bóveda esquifada construida por medio de hiladas escalonadas, o canes voladizos, en lugar de dovelas colocadas radialmente.

Taza de café

A veces imagino cómo será la vida después de mí, si logré alguna influencia y si alguien me conoció lo suficiente. Divulgarán vilmente mi extraña personalidad y mis extrañas manías, así como el modo bizarro en el que acostumbraba a hacer las cosas.

Dirán que me gustaba el agua embotellada y desconfiaba de tomar en vasos sin lavarlos antes, así como mi desagrado al compartir la comida, siendo una obsesiva-compulsiva… aunque de seguro lo dirán de una manera más elaborada y compleja. También hablarán de mi costumbre, aquella que tuve por años hasta mi último aliento; tomar una taza de café al comenzar cada día, así como tomarlo en diferentes temperaturas y en diferentes horas del día.

Nunca entenderán mis manías ni mi gusto por la historia. Tal vez nunca me considerarán “demasiado avanzada” ante la gente a mi alrededor. Tal vez simplemente pensarán que era una mujer soberbia y prepotente que nunca encontró a alguien que la comprendiera completamente.

Intentarán descubrir de dónde nació una persona tan solitaria y taciturna, intentarán descubrir como conocí a mis viejos amigos y nunca huyeron de mí. Intentarán comprender cómo, teniendo gente maravillosa a mí alrededor, prefería estar sola y leer libros hasta el amanecer.

Incluso se preguntarán por mi extraño modo de comer. “Ella nunca desayunaba, su desayuno era una taza de café, o si quería cambiar de ambiente elegía un té con media cucharada de azúcar”. Se preguntarán qué diablos pasaba por mi cabeza, y cómo al tener tantas ideas terminaba haciendo lo más simple. Lo impredecible. Dirán que me gustaba viajar, que incluso bailé una tarantela en un restaurante en Italia, dirán que intenté dormir a escondidas en el Palacio de Versailles y que siempre quise conocer Viena.

Mi amigo más cercano dirá que era una persona que no se complicaba, o que mi vida era demasiado complicada para hacerla incluso más compleja. Dirán que nunca me anduve con cuentos y siempre tenía una respuesta para todo. Dirán que siempre fui madura y que nunca me vieron hacer algún berrinche en público… mi madre, por otro lado, reirá ante eso y contrariará las versiones. Dirán que siempre usaba negro, en días veraniegos incluso me atrevía a usar ese color de vez en cuando. Me conocerán como la chica que usaba un lipstick rojo y que poco le valía llamar la atención.

Pensarán que me extrañarán, o por lo menos me recordarán al tomar una taza de café.

Iglesias de San Cristóbal

Este tema va dedicado para todos aquellos estudiantes de arquitectura que desesperadamente necesitan imágenes de estas iglesias, para todos los fanáticos de la arquitectura religiosa (barroca, renacentista y lo que logren identificar) y para la gente que simplemente llegó a este blog por simple curiosidad.

De nada.

Catedral de San Cristóbal :




Iglesia de Santo Domingo:



Iglesia del Carmen:


Iglesia de La Merced:


Iglesia de San Francisco:



Iglesia de Santa Lucía:



If I Could Love You

No es la primera vez que ese sentimiento pasa por mi cabeza, es solo que con el tiempo, aquella suposición ha permanecido ahí, torturándome con ideas que prefiero imaginar, son solo cosa mía. Pero, ¿qué sentido tendría convencerme, si en todo caso, aquella suposición no es cierta? ¿Entonces sí lo es? ¿De verdad está pasando?

Siempre está ahí, recordándome, apuñalándome en la espalda, en un punto fijo y sin consentimientos. Me siento traicionada, me siento dolida, me siento sola.

Lo cierto es que tengo miedo de no ser nunca lo suficientemente buena, la consentida, la única. Tal vez soy simplemente un cargo del que cualquiera quisiera librarse. Y aunque a veces me compadezco de ti, de ella, de él, de todos, después deja de importarme, lo olvido por completo y todo vuelve a ser casi perfecto. Mi vida, relativamente, parece buena.

Pero después llegan de nuevo esos momentos, aquellos arranques y aquellas palabras de dureza que destruyen aquellas paredes que con tanta dedicación decidí levantar. Ya de nada vale comenzar una discusión, de nada vale gritar. Es mejor no escuchar, fingir sordera, fingir indiferencia. Fingir que no me importa.

Tal vez por ti he perdido la fe en la humanidad. He perdido la confianza en las personas, he perdido el coraje y el aliento para seguir cada día. Tal vez ya no quiera verte más, pero quizás al día siguiente quiera llevarte conmigo siempre. Aunque no lo sé a ciencia cierta, lo cierto es que tengo la débil esperanza de olvidar y perdonar. De no sentir más. De tener alma de hierro y un corazón de hielo.