Le di la bienvenida a Julio con nostalgia.
Hoy, por fin encontré algo que me hizo sentir parte de un mundo que me resultaba ajeno desde hacía tiempo. Desde hacía unos días el gusanito de querer ver una caricatura que me acompañó en mi infancia creció, de tal manera que, incluso soñé con ver una maratón en Nickelodeon.
Ojalá las cosas fueran así, desearlas tanto que… llegara el punto en donde pudieras materializarlo. Hacerlo real, o un poco, sin importar si solo es un sueño.
Mientras veía con una enorme sonrisa un capítulo de Ginger, recordé las demás series y caricaturas. Siempre he querido verlas de nuevo, recordar momentos que de verdad, son irremplazables. Y no estoy segura, había reprimido tanto los deseos de ver tan solo 15 minutos de mi niñez que, cuando la voz de los personajes comenzaron a escucharse, una lágrima recorrió mi mejilla. Una extraña nostalgia me invadió por completo, un sentimiento demasiado caprichoso. Aquél que desea que las cosas sean como antes, tener de nuevo esos tiempos en donde todo era fácil y… tener a alguien cerca, dejar que se vaya, aprender de nuevo.
Sin importar que sea por solo un momento.
Y ese sentimiento sigue. Latente, melancólico, evidente, bastante perceptible, demasiado tangible, y también intangible. A la vez puedo reconocerlo, y también es muy ajeno. Demasiados recuerdos, demasiado de mí.
Y bien dicen que recordar es vivir… Pero vivir no te lleva al recuerdo de nuevo, solo despierta esas sensaciones que son… demasiado complicadas de explicar.
Hoy, por fin encontré algo que me hizo sentir parte de un mundo que me resultaba ajeno desde hacía tiempo. Desde hacía unos días el gusanito de querer ver una caricatura que me acompañó en mi infancia creció, de tal manera que, incluso soñé con ver una maratón en Nickelodeon.
Ojalá las cosas fueran así, desearlas tanto que… llegara el punto en donde pudieras materializarlo. Hacerlo real, o un poco, sin importar si solo es un sueño.
Mientras veía con una enorme sonrisa un capítulo de Ginger, recordé las demás series y caricaturas. Siempre he querido verlas de nuevo, recordar momentos que de verdad, son irremplazables. Y no estoy segura, había reprimido tanto los deseos de ver tan solo 15 minutos de mi niñez que, cuando la voz de los personajes comenzaron a escucharse, una lágrima recorrió mi mejilla. Una extraña nostalgia me invadió por completo, un sentimiento demasiado caprichoso. Aquél que desea que las cosas sean como antes, tener de nuevo esos tiempos en donde todo era fácil y… tener a alguien cerca, dejar que se vaya, aprender de nuevo.
Sin importar que sea por solo un momento.
Y ese sentimiento sigue. Latente, melancólico, evidente, bastante perceptible, demasiado tangible, y también intangible. A la vez puedo reconocerlo, y también es muy ajeno. Demasiados recuerdos, demasiado de mí.
Y bien dicen que recordar es vivir… Pero vivir no te lleva al recuerdo de nuevo, solo despierta esas sensaciones que son… demasiado complicadas de explicar.






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