Hi there.
Incluso ahora que mi conciencia no me ha hecho meditar, son las 4:30 de la mañana y tengo sueño, no me dormiré hasta que esto se publique.
He tenido tantas historias en mente últimamente, que, para variar, no las recuerdo ahora. Ha, debería culpar a las neuronas cansadas.
Bueno, aquí dejaré algo que fluirá conforme lo escriba. No me culpen si es malo, recuerden que las neuronas cansadas no están tan despiertas como deberían.
La luz tocó de nuevo mi cara, el sol cada vez me parecía más molesto. Cerré los ojos e hice una mueca de desagrado al tener el enorme astro frente a mí. Incluso parecía que lo hacía a propósito, apuntarme directamente, solo a mí.
El día, el sol… Yo no pertenecía a ello. Estaba hecha para esconderme en las sombras, para observar, sin embargo, jamás ser observada. Proteger. Aferrarme a ello. Así se me había dictado, y no sólo a mí. A cualquier ser de mi tipo, claro, siempre y cuando no tuviesen la mente corrupta, como algunos de nuestros adversarios.
Me levanté con cuidado, aunque era tonto evitar hacer cuidado, me mantuve así. Sentí como mis enormes alas se acomodaban delicadamente, como cuando un cachorro se sacude después de tomar una siesta.
Irónicamente, el cementerio lucía mejor de noche. Quizá se debía a que sus figuras se convertían en algo más de lo que el día nos permitía. Otro punto a favor de la oscuridad. Al menos la noche nos permite imaginar, en cambio el día y la luz, simplemente hace un trabajo más fácil.
-¿Sola… de día? Deberías ocuparte de asuntos mejores que estar vigilándonos, blanca- comentó el demonio que se mantenía debajo de una cúpula.
Sonreí por lo bajo, era obvio que no era la única que disfrutaba de la fría noche, de la creativa oscuridad. Me detuve. Dirigí la mirada hacia él.
-Sola… ¿Tienes miedo a quemarte de sol?- le pregunté mientras ese par de orbes brillaba en la oscuridad, esos ojos tan dominantes.
Jamás me intimidaron, siempre nos habían mantenido alertas, precisamente por eso, jamás sabíamos cuando estarían esos seres. Un demonio no intimidaba, pero seducían con facilidad algunas veces, siempre y cuando, tu débil o fuerte alma resistía al ataque tan humano.
Parpadeé al regresar de mis cavilaciones, aunque era mejor que seguir hablando con ese demonio. Solté un suspiro mientras reanudaba mi paso, observando algunos hermosos ángeles que cuidaban de tantas almas, que resguardaban y que daban más vista a esas lápidas. Caminaba con cuidado, irrespetuoso era pasar por encima de alguna, y más aún, era intimidante cuando enormes cruces se mantenían imponentes ante la escena.
Intenté fingir no escuchar los pasos, una joven se encontraba cerca, parecía platicarle a su padre sobre su nueva admisión a la escuela, sobre cómo se encontraba su madre, y claro, sobre como todos lo extrañaban, aunque todos sabían que se encontraba en un lugar mejor. Hiciera o no ruido, la joven no se daría cuenta de mi presencia, quizá algún pequeño aire, algún mínimo ruido, pero sólo eso. Los pasos seguían ahí, entrecerré los ojos y evité hablar.
-¿Hasta cuándo?- preguntó el demonio acosador -¿Hasta cuándo dejarás de evitarme, de negarte a tus sentimientos?- de nuevo me interrogó mientras seguía justo detrás de mí.
Llegué a tiempo, me detuve en un enorme árbol, que daba una vista aún más interesante al cementerio. Su sombra era restauradora, el viento cerca tocaba mi rostro, su fresca brisa era fortificante.
-Cuando dejes de hacer esto… Cuando aprendas a ser como quieres, no por cómo te ordenen… Nadie sabe esto, y no sé cómo es que aún no lo hacen, o si no es que fingen no saberlo…
-Claro que no lo saben- interrumpió.
-¿Cómo lo sabes? Sabes que con ellos… Jamás se puede esperar lo esperado…
-¿Crees que si supieran que su hermoso ángel convive con un demonio, aún te mantendrían a su servicio? ¿Crees que aún tendrías esas hermosas alas pintadas de su níveo color?
-Calla…- dije en un susurro.
Estaba mal. Esto estaba mal. ¿Desde cuándo un ángel se enamoraba de un demonio? ¿Desde cuándo se me permitía eso? Estaba segura que en cualquier momento todos lo sabrían, aunque no sabía con exactitud cuándo, no estaba lista. Caí sobre mis rodillas, mientras una de mis manos se sostenía en el árbol.
-Aniel…
-¡Que te calles!
-Aniel… Basta.
Se acercó a mí, era imposible no sentir un súbito dentro de mí. Lo difícil de todo era que no podía pedir ayuda, ¿a quién? Una lágrima comenzaba a mostrarse entre mi mejilla, mientras el me levantaba con cuidado. Tomó un mechón de mi cabello y secó esa lágrima. Me separé de él. No podía, no podía, no podía.
-Si Golab, tienes razón. Basta.
-¿Entonces me dirás la manera en que detendrás esto?
-Tú… tú eres el culpable… No. Yo lo soy. Debes de parar esto, no puedes seguirme, no debes…
-¿No quieres?
-Sabía que no podía enamorarme de nadie, y menos de un demonio… Yo…
-No evites la pregunta, Aniel.
-No la evito, no la quiero responder… Caí en tu trampa, porque eso es, ¿no? Una trampa.
-¿De qué hablas?
-Nada como ver a un hermoso ángel ser desterrado… un ángel caído más. Aunque no te bastó con hacerlo con más, me querías a mí…
-Es ridículo…
-No, no lo es. Ahora ambos seremos castigados, y ambos perderemos… y después, no tendremos perdón, no tendremos nada. Ni siquiera parece haber un futuro.
-Deja de decir eso… No te engañé. ¿De verdad lo crees? ¿De verdad crees que jugué contigo?
-¡No! Eso es lo que me provoca más…
Se acercó a mí sosteniendo mi rostro con sus grandes manos, sus garras pasaron por mi cabello, tomó mi rostro con severidad y me besó. Ahora esto era todo, eso era lo último que faltaba para hacer de esto incluso más ruin.
Sus labios luchando con los míos me hizo olvidar el problema.
Rodeé su cuello con mis brazos, el contacto de sus ásperas alas negras con mis manos no me importó. Si algo tenía que pasar, estaba lista, sí. Mientras sus brazos me arrullasen, no me importaría nada más.
Incluso ahora que mi conciencia no me ha hecho meditar, son las 4:30 de la mañana y tengo sueño, no me dormiré hasta que esto se publique.
He tenido tantas historias en mente últimamente, que, para variar, no las recuerdo ahora. Ha, debería culpar a las neuronas cansadas.
Bueno, aquí dejaré algo que fluirá conforme lo escriba. No me culpen si es malo, recuerden que las neuronas cansadas no están tan despiertas como deberían.
La luz tocó de nuevo mi cara, el sol cada vez me parecía más molesto. Cerré los ojos e hice una mueca de desagrado al tener el enorme astro frente a mí. Incluso parecía que lo hacía a propósito, apuntarme directamente, solo a mí.
El día, el sol… Yo no pertenecía a ello. Estaba hecha para esconderme en las sombras, para observar, sin embargo, jamás ser observada. Proteger. Aferrarme a ello. Así se me había dictado, y no sólo a mí. A cualquier ser de mi tipo, claro, siempre y cuando no tuviesen la mente corrupta, como algunos de nuestros adversarios.
Me levanté con cuidado, aunque era tonto evitar hacer cuidado, me mantuve así. Sentí como mis enormes alas se acomodaban delicadamente, como cuando un cachorro se sacude después de tomar una siesta.
Irónicamente, el cementerio lucía mejor de noche. Quizá se debía a que sus figuras se convertían en algo más de lo que el día nos permitía. Otro punto a favor de la oscuridad. Al menos la noche nos permite imaginar, en cambio el día y la luz, simplemente hace un trabajo más fácil.
-¿Sola… de día? Deberías ocuparte de asuntos mejores que estar vigilándonos, blanca- comentó el demonio que se mantenía debajo de una cúpula.
Sonreí por lo bajo, era obvio que no era la única que disfrutaba de la fría noche, de la creativa oscuridad. Me detuve. Dirigí la mirada hacia él.
-Sola… ¿Tienes miedo a quemarte de sol?- le pregunté mientras ese par de orbes brillaba en la oscuridad, esos ojos tan dominantes.
Jamás me intimidaron, siempre nos habían mantenido alertas, precisamente por eso, jamás sabíamos cuando estarían esos seres. Un demonio no intimidaba, pero seducían con facilidad algunas veces, siempre y cuando, tu débil o fuerte alma resistía al ataque tan humano.
Parpadeé al regresar de mis cavilaciones, aunque era mejor que seguir hablando con ese demonio. Solté un suspiro mientras reanudaba mi paso, observando algunos hermosos ángeles que cuidaban de tantas almas, que resguardaban y que daban más vista a esas lápidas. Caminaba con cuidado, irrespetuoso era pasar por encima de alguna, y más aún, era intimidante cuando enormes cruces se mantenían imponentes ante la escena.
Intenté fingir no escuchar los pasos, una joven se encontraba cerca, parecía platicarle a su padre sobre su nueva admisión a la escuela, sobre cómo se encontraba su madre, y claro, sobre como todos lo extrañaban, aunque todos sabían que se encontraba en un lugar mejor. Hiciera o no ruido, la joven no se daría cuenta de mi presencia, quizá algún pequeño aire, algún mínimo ruido, pero sólo eso. Los pasos seguían ahí, entrecerré los ojos y evité hablar.
-¿Hasta cuándo?- preguntó el demonio acosador -¿Hasta cuándo dejarás de evitarme, de negarte a tus sentimientos?- de nuevo me interrogó mientras seguía justo detrás de mí.
Llegué a tiempo, me detuve en un enorme árbol, que daba una vista aún más interesante al cementerio. Su sombra era restauradora, el viento cerca tocaba mi rostro, su fresca brisa era fortificante.
-Cuando dejes de hacer esto… Cuando aprendas a ser como quieres, no por cómo te ordenen… Nadie sabe esto, y no sé cómo es que aún no lo hacen, o si no es que fingen no saberlo…
-Claro que no lo saben- interrumpió.
-¿Cómo lo sabes? Sabes que con ellos… Jamás se puede esperar lo esperado…
-¿Crees que si supieran que su hermoso ángel convive con un demonio, aún te mantendrían a su servicio? ¿Crees que aún tendrías esas hermosas alas pintadas de su níveo color?
-Calla…- dije en un susurro.
Estaba mal. Esto estaba mal. ¿Desde cuándo un ángel se enamoraba de un demonio? ¿Desde cuándo se me permitía eso? Estaba segura que en cualquier momento todos lo sabrían, aunque no sabía con exactitud cuándo, no estaba lista. Caí sobre mis rodillas, mientras una de mis manos se sostenía en el árbol.
-Aniel…
-¡Que te calles!
-Aniel… Basta.
Se acercó a mí, era imposible no sentir un súbito dentro de mí. Lo difícil de todo era que no podía pedir ayuda, ¿a quién? Una lágrima comenzaba a mostrarse entre mi mejilla, mientras el me levantaba con cuidado. Tomó un mechón de mi cabello y secó esa lágrima. Me separé de él. No podía, no podía, no podía.
-Si Golab, tienes razón. Basta.
-¿Entonces me dirás la manera en que detendrás esto?
-Tú… tú eres el culpable… No. Yo lo soy. Debes de parar esto, no puedes seguirme, no debes…
-¿No quieres?
-Sabía que no podía enamorarme de nadie, y menos de un demonio… Yo…
-No evites la pregunta, Aniel.
-No la evito, no la quiero responder… Caí en tu trampa, porque eso es, ¿no? Una trampa.
-¿De qué hablas?
-Nada como ver a un hermoso ángel ser desterrado… un ángel caído más. Aunque no te bastó con hacerlo con más, me querías a mí…
-Es ridículo…
-No, no lo es. Ahora ambos seremos castigados, y ambos perderemos… y después, no tendremos perdón, no tendremos nada. Ni siquiera parece haber un futuro.
-Deja de decir eso… No te engañé. ¿De verdad lo crees? ¿De verdad crees que jugué contigo?
-¡No! Eso es lo que me provoca más…
Se acercó a mí sosteniendo mi rostro con sus grandes manos, sus garras pasaron por mi cabello, tomó mi rostro con severidad y me besó. Ahora esto era todo, eso era lo último que faltaba para hacer de esto incluso más ruin.
Sus labios luchando con los míos me hizo olvidar el problema.
Rodeé su cuello con mis brazos, el contacto de sus ásperas alas negras con mis manos no me importó. Si algo tenía que pasar, estaba lista, sí. Mientras sus brazos me arrullasen, no me importaría nada más.
Peace.







2 verdades:
esta muy bueno me gustó mucho
Hey, muy buen cuento.
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